Un esbirro de MIAMI en MÉXICO


Su nombre es René Bolio Halloran. Fue exhibido, ni más ni menos, que por el presidente López Obrador como el racista que ofendió a un funcionario de la Embajada de Cuba cuando éste y otros esbirros anticubanos, se apersonaron a las afueras de la representación diplomática para proferir insultos. Eran los días de los disturbios en la isla, y René Bolio los aprovechó para hacer gala de su violencia.

Por supuesto, sus actos no fueron casuales. Poco después de hacer el ridículo en la Embajada cubana —sorpresa, sorpresa—, viajó a Miami para reunirse con su jefe, sí, el que lo mandó a gritarle “negro” y “maricón” a un guardia cubano en México. Se trata de Orlando Gutiérrez Boronat, conocido terrorista anticubano, dirigente del Directorio Democrático Cubano, una organización que recibe financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la USAID, para actos de subversión contra el Gobierno de Cuba.

A nadie debería sorprender que René Bolio Halloran sea militante del PAN. Fue senador suplente de la infame Cecilia Romero, directora del Instituto Nacional de Migración durante el sexenio de Vicente Fox, institución que en ese tiempo fue acusada de tener nexos con bandas del crimen organizado dedicadas a la trata de personas desde Cancún, muchas de éstas de origen cubano. Romero, a su vez, es esposa de Emilio Baños Urquijo, cuya familia es fundadora de la organización ultracatólica El Yunque.

Todo esto quizá ya lo sabía el presidente López Obrador cuando exhibió a René Bolio Halloran. Eso y que fue funcionario del gobierno de Felipe Calderón, el usurpador de la Presidencia. Más, quizá de lo que apenas se enterará, es que este crudo panista, hizo parte del Ayuntamiento de Metepec, Estado de México, cuando era gobernado por Morena entre el 2019 y el 2021. Sí, la entonces alcaldesa morenista, Gabriela Gamboa Sánchez, nombró a un recalcitrante conservador, Bolio Halloran, secretario del Gobierno municipal.

René Bolio Halloran (centro) posa junto a la exalcalde de Metepec, Gabriela Gamboa Sánchez, durante la administración municipal morenista. FOTO: Alcaldía Metepec

La administración morenista en Metepec fue un desastre. Pero mucho de esto se debió a que René Bolio Halloran operó desde dentro para fracturar a Regeneración Nacional desde esa posición local. Su misión fue orientada por la extrema derecha en Miami, para recolectar información y actuar en contra de los intereses de Morena y la cuarta transformación, en todo lo que pudiera alcanzarle. Y cosechó éxitos. Su modus operandi se explica cuando, en las pasadas elecciones municipales de julio, Morena perdiera el control del Ayuntamiento de Metepec y se lo cediera a Fernando Flores, nuevo alcalde, sí, del PAN.

Hecha la trampa, Bolio Halloran ha vuelto a sus posiciones en la reacción conservadora. En su biografía se cuenta la operación de varios eventos contra Cuba en suelo mexicano, financiados por la Fundación alemana Konrad Adenauer (KAS, por sus siglas en alemán), la cual aún tiene registro como asociación civil ante la Secretaría de Hacienda mexicana. En México, hizo parte del proyecto “La otra Cuba”, dirigido por el fallecido terrorista Jorge Poo, vinculado a la Fundación Cubano Americana, la cual conspiró para asesinar a Fidel Castro en 1961 y al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 1999, con el auspicio de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

También, Bolio Halloran ha mantenido amistad con otro personaje que ha ocupado territorio mexicano para acciones se subversión contra la isla, el también abogado de origen chileno, Nicolás Ampuero Catalán, residente en la Ciudad de México, dedicado a representar legalmente a “balseros” cubanos llegados desde Cancún (sí, aquí aparece la huella de la ex directora del INM, Cecilia Romero). Ayudado por integrantes del PAN, este personaje apadrina a supuestos “presos políticos” en Cuba como maniobras de propaganda contra la Revolución cubana.

El activismo anticubano de René Bolio Halloran se extiende a organizaciones como el Center for a Free Cuba, People In Need y hasta la Organización Demócrata Cristiana de América, cuya representación en México la tiene el PAN y el mismo Yunque. Con éstas, Bolio Halloran también se da tiempo para desarrollar actividades en contra de los Gobiernos de Venezuela, de Bolivia y hasta, por qué no, China.

¿Por qué ocupar México como sede de actos contra Cuba o Venezuela, en su caso? Porque dada la cercanía con Estados Unidos, el territorio mexicano ha pretendido ser plataforma de la derecha latinoamericana con el apoyo económico de instituciones de la política exterior estadounidense como la USAID, la National Endowment for Democracy (NED) y el Internacional Republican Institute (IRI), entre otros aliados europeos como la alemana KAS y partidos políticos de derecha en Latinoamérica.

Alemanes usan México como base de operaciones contra Cuba (con ayuda del PAN) 

Cabe recordar que la USAID y la NED, son organizaciones que brindan financiamiento a la asociación Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y Sí por México, propiedad del empresario Claudio X. González, padre de la alianza opositora al presidente López Obrador y Morena, Va por México, la cual agrupa a los partidos PRI, al PAN y PRD.

Está visto que el protagonismo de este personaje, René Bolio Halloran, está perfectamente planeado. Su vinculación a la mafia de Miami y, la de ésta, a las instituciones del Departamento de Estado de EEUU y la CIA, también está ligada a las organizaciones de la derecha en México. Se trata de una estructura subversiva regional que actúa, no sólo contra Cuba y la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), sino contra los gobiernos progresistas como el de México. Sus acciones ya no son exclusivamente políticas, sino que han escalado al nivel de guerra sucia. Apuestan, pues, a desestabilizar las naciones que atacan. Y en el caso mexicano, es claro pueden hacerlo también encubiertos en los gobiernos locales de Morena.

Murió mi PADRE y asimilarlo ha sido MÁS DIFÍCIL de lo que pensé


Lo que más me duele es que mi papá tenía muchas ganas de seguir viviendo. Pero entiendo que la vida es así; no está hecha de deseos. Es dura, es cruel, está construida con pesadas lozas de realidad. Lo supe de la peor manera. No tanto por la muerte de mi padre, sino porque, cuando estaba en el hospital, sudando y adolorido como nunca en su vida, yo lo veía y, por primera vez en veinte años, oré y lo hice por él. Pedía a dios y a mi madre en el cielo elo, a San Benito en quien tanto creía mi viejo, que si se tenía que morir se muriera pero que, por favor, no sufriera así. Pero sufrió. Y sufrió de una manera horrible. Sus gritos se escuchaban en todo el piso de cirugía. Me gritaba a mí. “¡Ayúdame, hijo, ayúdame por tu madre!”, me clamaba. Aullaba. Y sus desgarros retumbaron los falsos muros del cuarto, hasta que su corazón hizo un silencio eterno. No hubo ángel que escuchara mi plegaria. Yo no pedía un milagro, solo un poco de misericordia… ¿Y? La vida es así, dije: un lento cadalso, desolado y sin méritos. ¿Qué importaron mis súplicas? ¿De qué valieron mis ruegos? Mi papá fue ultimado por la fría inclemencia de los hechos.

De no haber atravesado ese horror, tendría un mejor recuerdo de mi padre en vida. Siempre admiré su afabilidad. El viejo se paseaba por el barrio como una reina de primavera, saludando a una, dos, tres o más personas en cada esquina. Siempre encontraba un pretexto para cotorrear. Iba por pollo y se hacía amigo de la pollera. Iba por una torta y, a la vuelta, el tortero ya era su valedorcito. O sea, el viejo se murió dejando su auto descompuesto y el mecánico se quedó esperando su permiso para abrir el coche y no lo abrió “porque eso no se le hace a los amigos”. Eso significa que todo en él se hizo cenizas excepto la estela de su buen carácter. De tal carisma, tan grande como su nobleza, puedo escribir varios cuentos. De hecho, estaba tejiendo uno antes de llevarlo al hospital y, ahora, no sé cómo terminarlo sin deshacerme en lágrimas. Por eso creo que él merecía una mejor muerte y yo un mejor último recuerdo. Sus gritos me taladran la cabeza. A veces, cuando estoy lavando trastes o sirviéndome un café, oigo de nuevo sus estertores y mi quijada comienza a temblar mientras ahogo mis propis plegarias: ¡Perdóname papá, perdóname! ¡Yo no podía hacer nada! ¡Los doctores tenían que intervenirte! ¡Yo no te maté! ¡Yo no te maté!… De repente, cesa la convulsión, cuando el filo del recuerdo sale de mi mente. Nadie mató a mi padre; no fueron los médicos; no fui yo; no fue ese peligroso cateterismo, previo a la terapia intensiva. Fue esa infernal pancreatitis, el choque séptico y la maldita colangitis, triada asesina que con crueldad lo tendió bajo una sábana blanca.

Es muy tarde para arrepentirme de escribir esto. Necesito publicarlo. Necesito drenar mi dolor. Pronto vendrán mejores recuerdos y me colmarán el alma como el agua tibia del gran río de Tolantongo en el cual nos bañamos felices, hace tres años, apenas. Pronto escribiré menos de su deceso y más acerca de que él era el hombre más noble y fuerte que he conocido. Solo digo y reclamo que no merecíamos este final. Demando a la vida la restitución del proceso. Pero, qué va, la vida no es de merecer. La vida, es; sin remedio, es. Ocurre. Ahí vamos cargando nuestros amuletos, con un rosario de decretos, tan crédulos, aferrados a los milagros del universo, hasta que la muerte con todo su poder nos humilla poniéndonos de rodillas contra el piso. Y en un último acto de autoridad, nos obliga a verle directo a la cara, entra a nuestra casa y nos fuerza a lidiar con su presencia por el resto de nuestros días, si podemos. No es que en este punto sufra la compañía de la parca. Se llevó a mi madre hace dos años y, ahora, a mi viejo. Pude llorar sobre la cuerpo frío de ambos. Entonces, se puede decir que ya nos conocemos. Reconozco su volubilidad. Sobre el alma de mi mamá deslizó un delicado soplo y sobre la de mi papá blandió una sierra oxidada. Por eso, reconozco, no me duelen igual. Mientras agradezco la plácida muerte de mi madre, sigo pensando, carajo, mi pobre viejo merecía algo mejor. Pero vuelvo y puedo oír las cortas carcajadas del óbito. La vida no es de merecer. Mucho menos la muerte.

EEUU arde en protestas mientras ¿prepara una guerra contra venezuela?


LAS TENSIONES ENTRE ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA comenzaron desde la llegada del líder socialista, HUGO CHÁVEZ FRÍAS, al poder del país sudamericano en 1999. Su plan antineoliberal despertó las alarmas de Washington, que apenas había abandonado la guerra fría. Chávez acompañó su presidencia con un proceso político apodado “bolivariano” —en honor al libertador Simón Bolívar—, con una característica antiimperialista; o sea, en completa oposición a los intereses estadounidenses sobre el país. Esto le puso los cabellos de punta a la Casa Blanca, ya que sobre el territorio venezolano se encuentran las reservas de petróleo y de oro más grandes del mundo.

Desde entonces, Estados Unidos ha intentado derrocar al gobierno chavista, ahora con Nicolás Maduro Moros al frente. Tras el fallido golpe de Estado del año 2002, sus estrategias de intervención han variado. Washington ha usado sanciones financieras y un bloqueo económico y comercial. Ha puesto al país en la lista de naciones que “apoyan” el terrorismo. Se imaginó en el fantoche de Juan Guaidó a un “presidente encargado”. Intentaron asesinar a Maduro con un dron. El pasado tres de mayo, conformaron un grupo mercenario con agentes estadounidenses de la empresa Silvercorp que declararon ser de la “seguridad personal” del presidente Donald Trump, paramilitares colombianos y esbirros venezolanos. Sin embargo, la llamada Operación Gedeón que partió de la península de La Guajira, Colombia, fue detenida en aguas de Venezuela en su intento por entrar al país usando un buque y armas de grueso calibre con el propósito de matar al presidente.

El Arribo de tropas militares estadounidenses a la frontera colombo-venezolana para “combatir al narcotráfico”, coincide con las acusaciones por tráfico de drogas que impuso el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, contra el presidente Nicolás Maduro. (En la foto: Donald Trump y William Barr / Wikipedia)

Derrotados en sus intentos previos, la Casa Blanca parece construir el siguiente escenario. Desde el pasado 27 de mayo arribó a Colombia una unidad élite del cuerpo de Marines de los Estados Unidos denominada Brigada de Asistencia de Fuerza de Seguridad o Misión SFAB. El grupo está bajo las órdenes del Comando Sur del Ejército estadounidense, dedicado a la ocupación militar de Centro y Sudamérica.

Según Washington, la Misión SFAB realizará acciones de combate al narcotráfico en territorio colombiano. No está de más recalcar que la presencia del Ejército de Estados Unidos en Colombia no contó con la aprobación del Senado de ese país, lo cual viola el artículo 173 de su Constitución.

Curiosamente, los Marines no se desplegarán en Cali o Medellín, capitales históricas del tráfico de drogas, sino en la frontera con Venezuela, desde donde han partido varias misiones de paramilitares colombianos para intentar desestabilizar al gobierno de Maduro. Quizá la más famosa de esas incursiones ocurrió en el año 2016 en las llamadas “Guarimbas” donde la “oposición venezolana” —o sea, mercenarios venezolanos guiados por paramilitares colombianos—, asesinaron a catorce líderes chavistas.

¿GUERRA sobre VENEZUELA?

Todo el mundo sabe cuantas veces Donald Trump ha amenazado con acciones militares contra Venezuela. Y debe recordarse un detalle muy importante: el 26 de marzo, el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, acusó a Nicolás Maduro por narcotráfico fincándole cargos criminales. El régimen de Washington ofrece quince millones de dólares por información que conduzca a la detención del presidente. Por eso, la presencia de un supuesto grupo antidrogas del Ejército estadounidense, justo en las narices de Caracas luce más como una amenaza de invasión.

De hecho, hay “un temor fundado” de que Estados Unidos quiera invadir Venezuela y desatar una guerra en la región, dijo el director de la Fundación Paz y Reconciliación, León Valencia, en entrevista con Radio Francia Internacional. Esta posibilidad esta precedida por dos medidas, añadió.

“Una, el envío de naves militares al Caribe cerca a las costas de Venezuela. Y otra, la incursión de un grupo mercenario encabezado por personal de Estados Unidos en la Guaira, Venezuela, y que fue repelido por las tropas del gobierno de Caracas”, dijo.

Por su parte, el senador colombiano Armando Benedetti, expresó mediante su cuenta de Twitter su preocupación por el despliegue de tropas estadounidenses en la frontera colombo-venezolana. El político ocupó la palabra “guerra” para cuestionar la supuesta misión antidrogas del Ejército de los Estados Unidos.

“A mí no me gusta esto (…) ese grupo SFAB ha estado en Afganistan, son un grupo entrenado para la guerra.

“Dicen que una fuerza elite de EEUU vendrá al país para “asesorarnos” en la lucha contra el narcotrafico. ¿Y la autorización del Senado? No pueden arribar tropas extrajeras sin nuestra autorización. Que esa “ayuda” no termine en una guerra en la que no tenemos nada que ver”.

En otro trino, Benedetti fue más enfático al mencionar una posible “guerra” entre Estados Unidos y Venezuela, y clamó para que el Ejército estadounidense no “meta” a Colombia en sus propósitos.

“El Almirante Craig (jefe del Comando Sur) dijo en marzo que su misión era capturar a Maduro por narcotráfico. Hoy sus tropas vienen en camino y no me interesa si lo capturan o no, pero no metan a nuestro país en una guerra ajena. Que sigan derecho si quieren, pero que no pasen el barco por aquí”, dijo.

Y en una entrevista con la revista Semana, el senador Benedetti destacó el perfil belicista de la Misión SFAB, diciendo que ese cuerpo de Marines “está entrenado para la guerra”.

“A mí no me gusta esto (…) ese grupo SFAB ha estado en Afganistan, son un grupo entrenado para la guerra. No quiero que utilicen nuestro suelo para armar una guerra”, dijo.

En realidad, es difícil que Estados Unidos entre a una guerra contra Venezuela, la cual, necesariamente, tendría que ser por tierra. Imaginando las posibilidades, la Casa Blanca solo podría mandar aviones y toda la tecnología con la que cuenta para intentar derrocar al chavismo. Claro que eso haría daño (suponiendo que Venezuela no pueda hacer mucho para defenderse). Pero si quiere capturar a Maduro, deberá meter a sus Marines a las calles de Caracas. Entonces se enfrentará a una guerrilla de más de seis millones de milicianos, según el último registro de militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, más los integrantes de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Una misión suicida.

Lo más probable es que Estados Unidos se mantenga del lado de la frontera colombiana. Su búnker funcionará como trampolín de paramilitares y zona roja para otros crímenes. Claro que Venezuela tendrá que continuar haciendo frente a estos asaltos y no se descarta alguna otra incursión parecida a la Operación Gedeón. Pero seamos claros: las guerras no se ganan con drones. Se ganan con infantería. Si Washington mete a sus soldados en territorio venezolano, tendrán otro Vietnam.

Paradójicamente, a quien más dañará la presencia de los Marines gringos será a Colombia. De hecho, lo dañará otra vez. Hay que recordar lo documentado en el Informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, elaborado por expertos de la Universidad Pedagógica Nacional: durante el curso del Plan Colombia entre 2003 y 2007, soldados estadounidenses agredieron sexualmente y violaron al menos a 53 niñas, grabaron sus ataques y lo vendieron como material pornográfico.

Pero al presidente de Colombia, Iván Duque, solo le interesa obedecer a Trump. En tanto a Trump, solo le interesa ganar algo de simpatías de cara a las elecciones de noviembre. Por eso se ha metido a la frontera con Venezuela. Necesita recurrir al viejo truco gringo de la propaganda de guerra. De algo necesita sostener su presidencia. Estados Unidos se acerca a las 100, 000 muertes por coronavirus y todas sus capitales están incendiadas en protestas contra el racismo y la brutalidad policiaca que, aunado al poder de los bancos, es en sí misma la podredumbre del régimen yanqui. Me queda claro que una guerra contra Venezuela sería su ruina.

¿Cómo lo hace? CUBA tiene 99 % MENOS MUERTES que BÉLGICA con los mismos habitantes


PARA NINGÚN PUEBLO EN EL MUNDO HA SIDO FÁCIL LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS. Pero CUBA es un país que se ha destacado por sus éxitos ante esta pandemia. Al tiempo de este editorial, la isla suma UNA SEMANA SIN FALLECIMIENTOS a causa del COVID. Ningún país en el mundo ha logrado esto. Y tres datos alentadores más sobre sus hitos: han recuperado a más del setenta por ciento de sus pacientes; su índice de mortalidad es del 0.002 por ciento y, quizá lo más alentador, NINGÚN NIÑO O NIÑA cubana ha enfermado de este virus.

Quizá se piense que se trata de un país pequeño, con apenas once millones de habitantes. No puede compararse con el caso de México que supera los ciento veinte millones. Pero basta un contraste de cifras para entender que, en la pelea contra la enfermedad, NO SE TRATA DE CUANTOS HABITANTES, sino del MODELO DE ATENCIÓN que se aplica.

Así, por ejemplo, un país que tiene el mismo número de habitantes que Cuba es BÉLGICA con casi once millones y medio. Pues este país europeo suma más de nueve mil muertes a causa del COVID, al momento. Por su parte, Cuba, tiene setenta y nueve. ¿Cómo es posible que dos países con la misma cantidad de personas pueden presentar resultados tan drásticamente opuestos? CUBA TIENE 99 % MENOS MUERTES QUE BÉLGICA  TENIENDO LA MISMA CANTIDAD DE HABITANTES.

Bueno, es cierto, Bélgica se sitúa en punto de mucha movilidad por lo cual existe una variable de riesgo muy alta; pero si a esas vamos, Cuba estaba lleno de turistas, como es costumbre, al momento de que todo estalló.   De hecho en todo el mundo siempre hay flujo de personas, a menos que vivas en Turkmenistán o algo así.

La DIFERENCIA entre Cuba y Bélgica se haya en el modelo social.

Mientras la primera ministra belga, Sophie Wilmes, decidió permitir la movilidad en el país priorizando lo económico sobre lo sanitario, el presidente cubano, MIGUEL DÍAZ-CANEL, ordenó el confinamiento general y convocó a decenas de miles profesionales de la salud, incluidas estudiantes, a levantar de inmediato un CENSO ENTRE LA POBLACIÓN para pesquisar a quien presentara síntomas o estuviera en riesgo de contraer la enfermedad.

No está de más recordar en que en la isla los servicios de salud son gratuitos por lo que una prueba de coronavirus que en México puede costar casi cuatrocientos dólares, en Cuba no cuesta. Esto brinda entre la población cubana un clima de confianza en sus servicios sanitarios. Este levantamiento de información es cotidiano y el Ministerio de Salud colocó un sistema online  para que la gente pudiera descartar o confirmar posibles síntomas.

Pero eso no queda ahí. El verdadero FACTOR DE ÉXITO se encuentra en sus liderazgos sociales. En cada calle, en cada barrio, Cuba tiene DIRIGENTES sobre quienes recae la responsabilidad de gestión y resolución de las necesidades de cada individuo o familia. De modo que si alguien requiere apoyo con relación a un asunto que necesita la intervención del Estado, como por ejemplo, algo relacionado a la escuela, servicios púbicos, seguridad o salud, el dirigente de barrio es el intermediario. Ellas y ellos saben quien está enfermo, incluso antes que la familia del implicado.

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Esa COHESIÓN SOCIAL ha permitido a Cuba salir a flote. No hay brechas entre la población y el Gobierno. En MÉXICO TENÍAMOS ALGO ASÍ cuando existían los jefes o jefas de manzana o jueces de barrio. Eran los liderazgos comunitarios, quienes gestionaban las necesidades vecinales, electos o depuestos por los propios vecinos, según sus aptitudes. Pero llegó el NEOLIBERALISMO Y NOS LO QUITÓ. Si aún tuviéramos ese modelo heredado de la Revolución mexicana, no sufriríamos los estragos de la DESCOMPOSICIÓN SOCIAL que produce episodios como las agresiones a profesionales de la salud y la irrupción violenta en hospitales. No solo Cuba, nuestro país también sería un ejemplo ante el mundo.  De hecho, cualquiera que se atreva a seguir el ejemplo del modelo cubano. 

Al diablo su “NUEVA NORMALIDAD” – El COVID NO se irá


La Organización Mundial de la Salud acaba de declarar que es muy posible que el CORONAVIRUS SE QUEDE entre nosotros. Esto tiene lógica, si lo piensas, ya que hoy en día existen virus en el mundo que matan a miles de personas todos los años y para los cuales no han encontrado una vacuna; por ejemplo, el VIH.

“(El COVID) puede convertirse en otro virus endémico en nuestras comunidades y ESTOS VIRUS PUEDEN NO IRSE NUNCA”, dijo MIKE RYAN, jefe de Emergencias Sanitarias de la OMS en una teleconferencia esta semana. Mientras el director general de la Organización Mundial de la Salud, TEDROS ADANHOM GHEBREYESUS, fue más allá al decir que este coronavirus podría reducir la esperanza de vida de la humanidad hasta en 5,5 años.

¿Debemos hacernos a la idea de QUE NO VAMOS A SUPERAR AL COVID? Mis entrañas se niegan a considerarlo, pero mi conciencia ya se acomodó en su sillón, adaptándose cada vez con más RESIGNACIÓN a esa posibilidad.

Por ejemplo, yo era uno de los férreos opositores de los servicios de reparto corporativo tipo Uber Eats. Consideraba —y aún considero—, que son ejemplos contemporáneos de cómo el capitalismo precariza la fuerza de trabajo. Ahí van, jóvenes y viejos, empujando sus bicicletas hasta los domicilios, donde muchas veces son maltratados y no reciben propina pues, ya se incluye el costo del envío. Y mientras los negocios tienen que cobrar un porcentaje debajo de sus precios habituales para pagar el valor del servicio y el repartidor recibe menos de lo que cuesta su trabajo, las ganancias se las lleva la empresa.

¿Vamos a superar al COVID? Mis entrañas se niegan a considerarlo.

Sé que aquí cabe la discusión sobre la necesidad económica de las personas e, incluso, la posibilidad de contratar otros servicios locales de reparto que mantienen esquemas cooperativos de trabajo, de modo que puedo escoger entre unos sobre otros para tener limpia mi conciencia. Pero dejando de lado ese tema (creo que valdría para un nuevo texto), lo que es un hecho es que la pandemia del coronavirus que nos obliga a quedarnos en casa nos FUERZA TAMBIÉN A VARIAR NUESTRAS OPCIONES para surtirnos de productos domésticos, abarrotes y, a veces, algún antojo, claro que sí. Y, ya que no podemos ir al súper o al mercado como lo habíamos acostumbrado, y dado que no sabemos cuando llegará el día en el que podamos hacerlo de nuevo sin riesgos, ya tengo descargadas mis aplicaciones y en mi whatsapp he agregado a tres o cuatro contactos de reparto o de comida a domicilio. Y sí, ninguno es Uber Eats.

Sirva esto como ejemplo de cómo yo, poco a poco, VOY ADAPTÁNDOME A MI “NUEVA NORMALIDAD”. Creo que en todo lo que resta del 2020 no regresaré al supermercado. En estos meses me he resuelto yendo a la tienda que está en la esquina de mi calle, muy temprano para no encontrar gente, y pido a domicilio. Afortunadamente, la señora del pollo y la de las verduras, a quienes siempre he comprado en el mercado de mi barrio, se las ingeniaron para llevar sus productos hasta nuestros hogares.

Una “NUEVA NORMALIDAD” donde TODO SEGUIRÁ IGUAL.

Me considero afortunado pues desde el 2006 trabajo con y desde internet. Más no soy una isla. Dependo de lo que otros producen y corro el riesgo de quedarme sin sustento, si es que se quiebra la cadena de producción. Somos la gran base trabajadora que tiene que salir todos los días; la que más sufrirá los estragos de esta llamada “nueva normalidad”. En ese sentido, la CONTRADICCIÓN CAPITAL-TRABAJO NO CAMBIARÁ. Algunas empresas se han adaptado al teletrabajo y hasta han incrementado las medidas de explotación. Por ejemplo, el académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, MANUEL FUENTES, escribió para el diario La Silla Rota que, en lugares como Francia, la jornada laboral se amplió de ocho a once horas diarias, extendiéndose treinta y cinco horas más durante los fines de semana. Y aunque en ese país europeo los grandes sindicatos están logrando frenar tal abuso, EN MÉXICO NO EXISTEN CONDICIONES para organizar a los trabajadores al modo francés. “Es un mal de los nuevos tiempos el teletrabajo, que convierte a la jornada laboral en interminable (…) Es un nuevo esclavismo que va acabando con las personas (…) Desgraciadamente a nuestras autoridades no les importa este problema”, escribió el doctor en derecho.

Mientras tanto, debemos incorporar ya el uso permanente del gel antibacterial, cubrebocas, evitar el saludo de mano o abrazos a gente extraña, desinfectar todo lo que llegue a nuestros hogares, así como lavarse las manos obsesivamente al menos una vez cada hora, todo lo cual se ha convertido en parte indispensable de nuestra cotidianidad y no solamente vicios de los obsesivos compulsivos de la limpieza (quien lo dijera: tuvieron la razón todo este tiempo).

La contradicción capital-trabajo no cambiará.

Y si el coronavirus se queda, pues, muchas cosas tendrán que cambiar, porque hay otras REALIDADES NO SE PUEDEN IGNORAR. Por ejemplo, nos hemos dado cuenta de que, al menos, LA MITAD DE LOS EMPLEOS SE PUEDEN HACER DESDE CASA. Y que hay muchos TRABAJOS EN LOS QUE SE DEBE GANAR MUCHO MÁS, como los relacionados a la limpieza, servicios sanitarios, alimentación, reparto y, POR SUPUESTO, médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, camilleros, choferes de ambulancias, paramédicos, y cualquier cantidad de personas que trabajan en los hospitales, así como quienes se dedican a la investigación médica, biológica y largo etcétera.

Esto por el lado de las personas y lo que podemos hacer en nuestra vida cotidiana. Por otro lado, está lo que ha declarado el escritor de origen libanés YUVAL HARARI, sobre la RESPONSABILIDAD DE LOS GOBIERNOS ante la inminente permanencia del coronavirus: el virus es global, por lo tanto, se debe pensar en un MUNDO SIN FRONTERAS, no solo para enfrentar al COVID sino para lo que, el autor llama,“red de seguridad económica mundial”.

“En bicla” es un servicio cooperativo de reparto. FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDEABAJO.MX

En una entrevista con el diario español El País, el escritor de “Sapiens” delineó lo que, para él, debería ser el PLAN DE ACCIÓN COMÚN de las naciones en esta emergencia:

“Uno, COMPARTIR INFORMACIÓN FIABLE: los países que están pasando por la epidemia deberían enseñar a los que todavía no la están atravesando. Dos, coordinar la PRODUCCIÓN MUNDIAL Y LA DISTRIBUCIÓN EQUITATIVA de equipo médico esencial, como material de protección y máquinas respiratorias. Tres, los países menos afectados DEBERÍAN ENVIAR MÉDICOS, ENFERMERAS Y EXPERTOS a los países más afectados, tanto para ayudarles como para adquirir experiencia. Cuatro, crear una red de seguridad económica mundial para SALVAR A PAÍSES Y SECTORES MÁS AFECTADOS. Cinco, formular un acuerdo mundial sobre la PRESELECCIÓN DE VIAJEROS, que permita que un pequeño número de personas esenciales sigan cruzando las fronteras”.

Estas son buenas ideas, más parece que “no hay un adulto en la sala”, dijo Harari, lo cual concuerda con lo denunciado por el intelectual sirio-francés THIERRY MEYSSÁN: “las respuestas de los gobiernos al Covid-19 han sido políticas, y NO DE NATURALEZA MÉDICA”.

Todo esto, más lo que escribió el mexicano Manuel Fuentes, me hacen pensar en que los Gobiernos nos han hablado de una “nueva normalidad” pero, en esencia, LAS COSAS SEGUIRÁN IGUAL. O sea que, mientras las personas nos ocupamos de bañarnos en gel antibacterial y variamos nuestros hábitos de consumo, seguiremos siendo la carne de cañón del capital. Y lo que vemos en el ajedrez geopolítico es que las naciones tienden a cerrarse más y han ocupado la pandemia para expulsar migrantes y DESMOVILIZAR LA PROTESTA que venía en ascenso en casi todo el globo.

Una nueva normalidad sería un mundo sin explotadores ni explotados

Hasta el momento, ¿qué Estado de los llamados democráticos ha hablado de GARANTIZAR EL ACCESO A SALUD PÚBLICA gratuita y de calidad, a partir de lo sufrido en esta emergencia? Los hospitales privados cobran fortunas por las pruebas de COVID y los laboratorios están una guerra de patentes por una eventual vacuna, si es que la encuentran. ¿Renunciarán a sus ganancias en pos de la civilización? No lo creo. Veamos a ESTADOS UNIDOS, donde este coronavirus ha desgarrado aún más la diferencia de clases entre ricos y pobres, entre blancos y el resto de afros, latinos y otros inmigrantes. Como en ese país, así ocurrirá en la mayoría de los países dominados por el capitalismo, DONDE LOS QUE MÁS MUEREN SON LOS QUE MENOS TIENEN.

Creo que quedo un poco deprimido al final de este texto. Parece que el mundo se ha vuelto un tanto más insoportable de vivir. Al menos antes nos quedaba el placer de escaparnos hacia donde hubiera un mejor atardecer. Ahora nos tienen encerrados, creyendo que la nueva normalidad es descargar una aplicación de reparto a domicilio, estudiar o trabajar desde casa…

¿Sabes qué sería una VERDADERA NUEVA NORMALIDAD? Un mundo sin explotados ni explotadores. Llámame un soñador pero no soy el único, dijo el primer beatle. De modo que, mientras pueda, seguiré comprándole a la del mercado de mi barrio y no por medio de Uber Eats. Me pondré gel para cuidarte en la calle y me aferraré a escribir en tanto el oficio me permita vivir.

Hay una GUERRA OCULTA detrás del CORONAVIRUS


Recién comenzó a circular una carta europea liderada por la actriz francesa Juliette Binoche en la que se llama a una nueva convivencia luego de la pandemia. Y como esta, he leído varios comentarios en redes sociales que convocan a una “nueva normalidad” que van desde el derrocamiento del capitalismo, hasta otros para nada radicales como una reforma en los contratos sociales. Como sea, es bueno —claro que es bueno—, que existan ciertas intenciones entre las capas medias de evidenciar el fracaso del sistema en el que vivimos, con la voluntad de hacer uno nuevo.

Pero —vaya, vaya—, ninguno de los líderes del mundo globalizado ha dicho ni una palabra que sugiera, al menos, una reflexión sobre el mal comportamiento del mundo industrializado y el colapso económico, sanitario y social al cual han arrastrado a toda la humanidad en el primer año del coronavirus. Que yo sepa, solo los países de siempre han hablado sobre la necesidad de terminar con el capitalismo como orden; o sea, los países en desarrollo o del bloque no alineado, los cuales, de por sí, lo han exigido desde hace cuarenta años.

Claro que hay de silencios a silencios. Por ejemplo, son especialmente… ¿cómo decirlo? ¿hirientes? ¡No! Si digo “hirientes” se pensaría que me han decepcionado; más, al contrario, me alegra que, en estas circunstancias, al fin se hayan caído las caretas de las democracias ejemplares como Canadá y la mayoría de los países europeos y escandinavos, cuyos silencios obsequiosos ante la necesidad de cambiar paradigmas económicos y políticos desatan mi risa irónica pues sus industrias no han podido soportar la ausencia de la base trabajadora, por lo que han hecho de todo para romper la cuarentena y volver a maquinar, a costa de las vidas humanas. Por ejemplo, en Europa pujan para que vuelva el fútbol profesional y se recuperen, algo, las ganancias perdidas. Al respecto, se habla mucho de los posibles riesgos para los futbolistas, pero nadie menciona a los miles de trabajadores de las empresas de comunicación, publicidad, alimentos, transporte o comercio, por ejemplo, que serían empujados a las calles cuando el bicho sigue rondando. Esto confirma que el verdadero virus está en el poder.

Estados Unidos es el GRAN VIRUS.

Y otro que, más bien, ha aprovechado el coronavirus para comportarse más patán que de costumbre es Estados Unidos (bueno, en realidad siempre ha sido un patán).

El virus ha logrado acusar la gran mentira del sueño americano. La cifra de muertos tiende a superar los cien mil y la crisis de su economía podría ser más grande que la de la Gran Depresión de 1939. Y todo porque la clase trabajadora se ha quedado en sus casas. Claro que la Casa Blanca ha devuelto el golpe confinando a la muerte sin asistencia médica a esos trabajadores y trabajadoras, la gran mayoría pobres, latinos, afros e inmigrantes, lo cual derriba la facha multicultural de Estados Unidos y se descubre como el país donde solo importa la blanca plutocracia, la que tiene el dinero y el control de todo.

Esa plutocracia patrocina la presidencia de Donald Trump, quien debe devolver los favores, utilizando a la Casa Blanca para satisfacer las ambiciones financieras y políticas la elite. De esa manera se explica que, en plena pandemia —o, más bien, valiéndose de esta—, Washington haya desatado sus ánimos de guerra contra los que considera sus enemigos: Cuba y Venezuela.

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Contra Cuba ha incrementado el bloqueo económico y comercial. Ya antes del coronavirus, Estados Unidos se dedicaba a interceptar en el mar a las embarcaciones de otras naciones que acudían a la isla para proporcionarle el petróleo que Washington no le deja comprar libremente. Al mismo tiempo y con la ayuda del horroroso senador de Florida, Marco Rubio, el capítulo tercero de la Ley Helms-Burton castiga a cualquier gobierno, empresa o individuo que intente comerciar con la isla, al grado de prohibir la compra y venta de productos con la palabra “Cuba” entre dos personas que nada  tendrían qué ver con el país, pero que, por el simple hecho de utilizar, para sus transacciones, plataformas estadounidenses como Amazon o Paypal, no podrían comprar nada relacionado con la mayor de las Antillas.

No conforme con hacerle la guerra extraterritorial, el odio de Trump y sus jefes contra Cuba ha convalidado las acciones de terrorismo contra la isla dentro del territorio estadounidense. De tal manera, un partidario del presidente gringo baleó la embajada cubana en Washington, sin que se le presentara a los medios luego de ser detenido o, peor, sin que el Gobierno de Estados Unidos ofreciera a La Habana informes sobre la identidad y motivos del atacante, violando las convenciones que obligan a las naciones sedes a velar por la seguridad de las representaciones diplomáticas en sus territorios.

Mientras tanto, no tienen vergüenza en enviar agentes de la DEA a misiones armadas contra Venezuela, al mismo tiempo que Donald Trump habla abiertamente de la opción de invadir al país bolivariano. Ni qué decir de la manera en la cual CNN y otros medios callan sobre el contrato firmado por el estratega Juan José Rendón (quien en México fue asesor del expresidente Enrique Peña Nieto) con la empresa Silvercorp, a nombre del autoproclamado Juan Guaidó, para realizar incursión armada al país, en una operación en la cual participaron dos estadounidenses identificados como parte del cuerpo de seguridad del presidente de Estados Unidos.

Sin duda habrá quien diga: “sí, pero eso no quita que Cuba y Venezuela sean terribles dictaduras bla, bla, bla”. ¿Será cierto? A propósito del coronavirus, haré un breve cotejo de cifras sobre cómo están enfrentando a la pandemia Estados Unidos, Cuba y Venezuela, al 10 de mayo de 2020.

EE.UU.: ¿Población? 325 millones ¿Muertos? Más de 80 mil. ¿Contagiados? 1. 3 millones. ¿Recuperados? Más de 29 mil.

Cuba: ¿Población? Más de 11 millones. ¿Muertos por coronavirus? Setenta y siete personas. ¿Contagiados? 468. ¿Recuperados? 1 mil 229.

Venezuela: ¿Población? Más de 28 millones. ¿Muertos por coronavirus? Diez. ¿Contagiados? 422. ¿Recuperados? 205.

Y, de nuevo, habrá quien diga que no puede compararse la cantidad de habitantes que tiene Estados Unidos sobre la pequeña isla de Cuba, por ejemplo. Pero si medimos el porcentaje de muertes per cápita, los números no dejan lugar a dudas sobre qué país y qué modelo, ha gestionado mejor esta crisis.

De modo que mientras Cuba registra apenas el 0.0069 por ciento de muertes por su población total; Estados Unidos ya alcanza el doloroso porcentaje de 2.4 por ciento de fallecidos, y se espera que la cifra supere el 4 por ciento para agosto; o sea, más de 135 mil seres humanos que, como ya he dicho, serán casi todos latinos, afros y pobres.

¿Nuevo orden? NO LO CREO.  

Con estos ejemplos, tengo muchas dudas —es más, tengo todas las dudas—, de que las buenas intenciones como las cartas de Juliette Binoche o los presagios del fin del capitalismo hechos por el intelectual esloveno Slavoj Zizek, el más famoso vendehúmos de la actualidad, puedan aterrizar en el mundo de lo posible.  

Ya ofreceré mis razones ampliadas en otro texto, pero puedo adelantar que ni el capitalismo, ni el orden mundial imperante, caerán con los efectos del coronavirus. Más bien, al revés: se reforzarán los pilares que sostienen al sistema y todavía se volverán más crueles pues, en la lucha por la supervivencia, los ricos y poderosos se reservarán para sí mismos cualquier cura. En todo caso, no dudarán en aprovechar su condición para venderle a mundo sus remedios. Lo vivimos en el año 2009 cuando la crisis por la influenza H1N1: laboratorios como Pfizer se hicieron 49 por ciento más ricos. ¿Qué indicios tenemos de que ahora será diferente? Ninguno. Hoy mismo, los diarios económicos ya hablan de una “guerra de patentes”  por la cura del COVID-19. Eso significa que los monopolios están en una batalla por el dinero. Tu y yo, no les importamos. No te sorprendas. Así ha sido siempre.

Me preocupa que la pandemia está sirviendo de distractor para intensificar las agresiones económicas y geopolíticas. O sea que, mientras el virus ya mató a cuatro millones de seres humanos en todo el mundo al momento de este texto, las potencias están enfocadas en sacarle partido al tablero.  Se pelean por el petróleo, cumplen su sueño de cerrar las fronteras y expulsar a los migrantes, rescatan empresas amigas (como en Colombia, con la aerolínea Avianca), y amplían la guerra fría contra los países enemigos. De modo que, si salimos de esta, no será gracias a ellos, sino a pesar de ellos. No habrá nuevo orden mundial; acaso, una conciencia renovada sobre la importancia de lavarse las manos y mantener la distancia, que no es cosa menor.